Los hábitos alimenticios marcan el estilo de vida de las personas de edad más avanzada. Su vulnerabilidad y patologías hacen que sea esencial que cuenten con una alimentación equilibrada:
Una buena dieta, según los especialistas, tiene que estar compuesta en un 55% por hidratos de carbono, para así poder recuperar el gasto energético consumido, en el caso de las grasas el porcentaje puede ser de hasta un 30% (reducir las grasas poliinsaturadas de origen animal -embutidos, mantequilla, leche entera, etc.- e incrementar las grasas de origen vegetal y animal monoinsaturadas -aceite de girasol, de soja, cacahuete y pescado azul- y en un 15% por proteínas, combinando las de origen animal y vegetal.

Además, la fibra tiene que ser un componente muy importante a tener en cuenta, ya que previene el estreñimiento, regula la glucemia y el colesterol.

No podemos olvidarnos de la importancia de realizar actividad física de manera moderada y beber agua frecuentemente como parte fundamental de una alimentación saludable.

Recomendaciones generales, beneficiosas para todos nuestros mayores, pero que son necesarias personalizar dependiendo de la situación y patología de cada persona.